"Así se adornaban en tiempos antiguos las santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo" tal es el caso de Sara".
(1ª Pedro 3:5).
Ayer vimos còmo el apóstol Pedro nos hace reflexionar a los hombres, a que, no debemos esperar sumisión de nuestra esposa ni mucho menos exigirla si no somos sumisos a Cristo. Hoy, unos versos màs abajo encontramos el llamado de atención hacia las mujeres. Pedro explica cuàl es el mejor adorno que la mujer puede tener para ser màs hermosa delante de Dios y delante de los hombres.
Así como las "santas" mujeres de la antigüedad, el mejor adorno que puede tener hoy una esposa es ser "sumisa" a su esposo. La belleza física o exterior en todo y en todos es pasajera, pero la belleza espiritual es eterna, y algo muy atractivo en el Señor. El hombre que se sujeta a Cristo y la mujer que se sujeta a su esposo, son de una belleza que atrae a cualquiera que los vea.
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