"Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre, que nos amò y por su gracia nos dio consuelo eterno y una buena esperanza, los anime y les fortalezca".
(2ª Tesalonicenses 2:16).
¿Quièn de los humanos no ha tenido o tiene una pena o una gran preocupación? ¿Quièn entre los creyentes no la tiene? Muchos son los predicadores que engañan a la gente haciéndoles creer que al venir a los pies de Cristo, sus problemas terminaràn. Este verso que acabamos de mencionar arriba contradice esa enseñanza.
Dios no prometió que quien le siguiera no iba a tener problemas, lo que prometió fue estar siempre con nosotros para que pudiéramos resolver los problemas guiàdos por èl. Y, se nos explica que cuando el ser humano tiene problemas no es otro ser humano el que nos darà el consuelo (quizás sea usado para ello, pero no será la fuente de consuelo), sino que es Jesucristo mismo y Dios Padre serán quienes nos consolaràn.
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