"Ahora que se han purificado obedeciendo a la verdad y tienen un amor sincero por sus hermanos".
(1ª Pedro 1:22).
Según nos enseña Pedro en èsta epístola: Dios fue quien nos "eligió"; èl fue quien nos "redimiò" (separò) del mundo; es èl quien nos "protege"; es èl quien nos ayuda en las diferentes "pruebas" a las que hemos sido, somos, o seremos sometidos. Nos "comprò" por un precio que no es equivalente a oro ni plata sino a algo mucho màs precioso, la sangre de su único Hijo.
Y ahora nos dice que la forma en que podemos irnos purificando, pues al entrar a formar parte de su ejército venimos todavía con muchas de las formas del vivir antiguo, es: "obedeciendo" a la verdad que es Su palabra, y, amando a los hermanos con amor sincero (nótese que habla de que amemos a los "hermanos", no a los impíos. La razón solo èl la sabrà).
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