"Miren que pongo en Siòn una piedra principal escogida y preciosa, y el que confiè en ella no será jamàs defraudado".
(1ª Pedro 2:6).
Ochocientos años antes de que sucediera fue profetizado por Isaías. Y como era una palabra de Dios, sucedió. Nace el Hijo de Dios en Jerusalén, y es puesta una piedra principal y preciosa en Siòn. Y desde ese entonces todos los que en ella confiamos... no hemos sido ni seremos defraudados.
Por ello dice la palabra de Dios: "Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cuàl podamos ser salvos. Solo el nombre de Nuestro Señor Jesucristo".
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