"Saluden a todos los hermanos con un beso santo".
(1ª Tesalonicenses 5:26).
Este verso nos llama a la reflexión del respeto al derecho ajeno, aunque parezca otra situación. El último de los mandamientos nos dice: "No codicies al varòn o a la mujer ajena; ni sus riquezas, ni sus siervos, ni sus posesiones". Como el mundo se ha introducido ya demasiado dentro de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo, hoy vemos muchas faltas de respeto en ese sentido.
Muy "casualmente" las mujeres bonitas y los hombres muy simpáticos, son abrazados y besados por casi cualquier persona en la congregación, pero lastimosamente no pasa así con quienes somos menos agraciados. El apóstol Pablo nos insta a que saludemos a "todos" los hermanos sin discriminación alguna y sin lujuria alguna, que podemos hasta saludar con un beso siempre y cuando sea santamente y con respeto.
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