"Estèn siempre alegres".
(1ª Tesalonicenses 5:16).
Cuando vemos en el mundo al hijo de una persona famosa, cuando vemos al hijo de una persona poderosa, o cuando vemos al hijo de una persona muy adinerada, la vemos que entra a todos los lugares con seguridad, sin complejos, alegre y sin sentirse como pollito comprado.
¿Por què? Porque cree que la fama, el poder o el caudal de dinero de sus padres, le es suficiente para èl ser reconocido y aceptado a donde va y ser felìz. Ahora bien, nos preguntamos: ¿Por què nosotros que tenemos como Dios al que le da la fama, el poder y el dinero a esos hombres, no entramos con la misma seguridad y felicidad a todos lados? No decimos prepotentes pero sì seguros, confiados, empoderados y felices de que nuestro Dios es también nuestro padre y que es dueño ¡de todo y de todos!
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