"Por eso, hermanos, en medio de todas nuestras angustias y sufrimientos ustedes nos han dado ànimo por su fe. Ahora sì que vivimos al saber que están firmes en el Señor".
(1ª Tesalonicenses 3:7-8).
Por enésima vez, el apóstol Pablo habla de angustias y sufrimientos, pero también por enésima vez menciona que eso es para dar ànimo en la caminata de alguien; que ese sufrimiento y esas angustias son para fortalecer la fe de los verdaderos creyentes, no de aquellos que son sòlo oidores de la palabra de Dios, que dicho sea de paso son dos clases de personas distintas.
El apóstol Juan en su primera carta lo dice de èsta manera: "estaban con nosotros, pero no eran de nosotros; si hubiesen sido de nosotros, hubieran permanecido con nosotros". Permanecido ¿cuàndo? pues a la hora del sufrimiento, a la hora en que las situaciones se ponen adversas; a la hora en que había que trabajar duro para el nombre y la gloria de Dios. A la hora en que había que soportar con estoicismo los sufrimientos y las angustias para agradar el corazón de nuestro amado Dios.
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