"Asegúrense de que nadie pague mal por mal; màs bien, esfuércense siempre por hacer el bien, no sòlo entre ustedes sino con todos".
(1ª Tesalonicenses 5:15).
La ley en el Antiguo Testamento decía: "Ojo por ojo y diente por diente", esto implicaba que según las leyes de Dios, si alguien herìa a otra persona y èste perdía un ojo, una mano o una pierna, a esa persona le habían de sacar un ojo, o amputar la mano o la pierna. Cuando Cristo vino en forma humana modificò esas leyes. El vino a enseñarnos que la justicia del hombre no tiene la misma capacidad de persuaciòn que la justicia divina.
Cristo, siendo alguien superior al hombre, nos trajo leyes superiores a las que había establecido Dios debido a la dureza del corazón humano. Hoy, ciertamente tenemos màs privilegios espirituales que antes, pero también, tenemos màs obligaciones. Por ello, hoy, los estándares de vida son mayores también. Pero el punto principal es: "No hagamos justicia por nuestras propias manos, dejemos que sea Dios quien de justa retribución a cada quien".
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