""Me puse a ver a los inexpertos, y entre los jóvenes observè a uno de ellos falto de juicio".
(Proverbios 7:7).
Dice la palabra: observè a entre los "jóvenes" a uno inexperto y falto de juicio. Lo único que nos da madurez es el pasar tiempo con Dios, si hacemos eso, aùn y cuàndo seamos unos "jóvenes biològicos o neófitos espirituales" como dice la misma escritura, seremos librados de los brazos de la mujer adùltera, de la mujer ajena.
Es la madurez espiritual, no necesariamente la madurez biológica la que nos hace dejar de ser jóvenes inexpertos y faltos de juicio. Cuando entendemos lo mucho que Dios pagò por nosotros, el precio tan alto que es, fue y serà la sangre de su hijo, entonces alcanzamos a entender que no hay placer de èste mundo con una mujer que no sea la nuestra, que valga la pena tener por soltarnos de la mano de nuestro Señor y Salvador, y despreciar así, el regalo de la vida eterna a la cuàl fuimos elegidos sin ningún mèrito propio.
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