"La maldición del Señor cae sobre la casa del malvado; su bendición, sobre la casa de los justos".
(Proverbios 3:33).
Cuando nos sucede algo desagradable lo primero que pensamos es que entrò la maldición a nuestra casa; que a saber què hicimos mal o que a saber en què ofendimos a Dios y por eso nos alcanzò el daño. Uno, tenemos que entender que quienes hemos sido elegidos (y esto por la soberanía y voluntad de Dios y no por nuestras obras. Vea Efesios 1:4), fuimos bendecidos con la bendición que recibiera nuestro padre Abraham. Vea Gènesis 12:1).
Dos, el creyente es bendecido desde antes de nacer (como podemos ver en Efesios 1), lo que sucede es que en su caminata por èsta tierra tendrá muchas tribulaciones (lo dijo Pablo en Hechos 14:22) antes de poder entrar al reino de los cielos. Tres, hemos de entender que el creyente sufre para purificación mientras que el impìo lo hace como resultado de sus perversas acciones. Cuarto, la bendición y la maldición no se miden por el dinero o los bienes que tengamos, sino por la "paz de espíritu" en que vivimos y dormimos.
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