"Por mì, gobiernan los príncipes y todos los nobles que rigen la tierra".
(Proverbios 8:16).
En casi todas las naciones del mundo, salvo en aquellas que aùn y con sus riquezas, avances tecnológicos y una vergonzosa antigüedad viven bajo reinados, cada cierto tiempo se llama a elecciones populares. Se invierten y se gastan millonadas de dinero y de palabras para "convencer" a los votantes que èste o quèl candidato son los idóneos para llevar al pueblo a una inminente solución a los problemas sociales, políticos y económicos.
Pero todo es parte de un plan, pues es Dios quien define quièn gana y quièn pierde. Muchas son las citas bíblicas que pudiéramos encontrar y mencionar al respecto (Daniel 4:35; Salmo 115:3; Isaías 14:24; Efesios 1:4-6, etc.). Lo que a nosotros nos toca hacer, es, mantener comunicación constante con Dios para saber ¿cuàl es su voluntad? y así, no estar en contra de ella. Pero nunca lleguemos a pensar que fuimos nosotros con nuestro voto, quienes pusieron o quitaron a un dirigente. Eso se llama soberanía de Dios.
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