"Ellos mismos cuenta de lo bien que ustedes nos recibieron, y de còmo se convirtieron a Dios dejando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero".
(1ª Tesalonicenses 1:9).
Aquí, en èstas frases de Pablo encontramos al menos dos lecciones: la primera, es que cuando se refiere a ellos, se refiere a todos los creyentes (vea el verso 7) de las enormes extenciones de Macedonia (antes Berea,Filipos, Tesalònica... hoy Turquía, Hungrìa), y Acaya (antes Atenas, Esparta y Olimpia... hoy Grecia). Y la segunda, al testimonio que dieron al convertirse a la Gracia.
Ahora bien, la pregunta es ¿Còmo dieron ese testimonio? Pues la escritura es clara al decir que: "Habían dejado los ídolos". Convertirse a la Gracia de Cristo es ponerlo a èl en primer lugar; es darle solamente a èl la honra; es ponerlo a èl como el centro de nuestra vida. Lo último que Cristo desea es compartir su lugar, su honra, su nombre, su gloria con ídolos... aunque nosotros dispongamos o digamos que lo representan a èl. Un ídolo es un ídolo que como dijo alguien muy sabiamente hace años: para los pobres es de madera y para los ricos de oro, pero sigue siendo un ídolo que Cristo no aprueba.
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