"Sì, deseábamos- yo mismo, Pablo, màs de una vez intentè ir- pero Satanàs nos lo impidió"
(1ª Tesalonicenses 2:18).
Aquí, el apóstol Pablo nos da la otra cara de la moneda. ¿Por què? Porque en el libro de los Hechos de los apóstoles en el capìtulo 16, Pablo explica que cuando llegó a Listra y conoció Timoteo, un creyente de muy buenas recomendaciones, Pablo fue guiàdo a tomarlo por discípulo, así, trata de llevarlo consigo a las regiones de Frigia y Galacia, pero, dice la escritura que primero se los impidió el Espíritu Santo, y luego el el Espìritu de Jesús (vea los versos 6-7).
Ahora, pues, Pablo nos explica que queriendo ir a ver a los creyentes de Tesalònica, varias veces fue Satanàs quien se los impidió. ¿Cuàl es la lección entonces? Es que, cuando el Espíritu Santo o el Espíritu de Jesús nos impiden hacer algo es porque nuestra vida puede correr peligro o no es el tiempo de hacerlo, en otras palabras, que el motivo es bueno para nosotros o para otros pero no es el tiempo oportuno. Ahora bien, cuando es Satanàs quien lo impide es porque no quiere que nosotros o alguien recibamos una bendición.
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