"Estos mataron al Señor Jesús y a los profetas, y a nosotros nos expulsaron".
(1ª Tesalonicenses 2:15).
El apóstol Pablo consuela a los creyentes en Tesalònica haciéndoles un poco de historia. Hacièndolos discernir entre lo que les dice por escrito y lo que les dice entre líneas, veamos, les dice en el verso anterior: "Ustedes, hermanos, siguieron el ejemplo de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea, ya que sufrieron a manos de sus compatriotas lo mismo que sufrieron aquellas iglesias a manos de los judíos"... "estos" (o sea los judíos) mataron al Señor Jesús y a los profetas".
Primero, entendamos que Cristo no vino a fundar ninguna religión, prueba de ello es que en Antioquìa (vea Hechos 11:26) se les llamò a sus seguidores: CRISTIANOS, no evangélicos, ni protestantes, ni católicos, ni musulmanes, ni nada por el estilo. Segundo, Cristo no vino a fortalecer las sinagogas ni mucho menos a fundar una nueva, vino a establecer SU Iglesia, la Iglesia de Dios. Tercero, fue muerto en una conspiración religiosa disfrazada de política entre la clase religiosa de su época con los romanos, por ello, siendo acusado de un delito religioso fue muerto bajo las leyes de un criminal sedicioso. Razón por la cuàl no murió apedreado sino crucificado. Cuarto, esa misma clase religiosa fue la que matò a los profetas; y, además expulsò de las sinagogas a los creyentes. Nótese que cuando Pablo dice: "estos", no son todos los judíos sino la clase religiosa.
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