"La necedad del hombre le hace perder el rumbo, y para colmo se irrita contra el Señor".
(Proverbios 19:3).
En Deuteronomio 28:1-2, Dios le habla a la nación de Israel y le dice: "Si escuchas y obedeces hoy mi vos, todas èstas bendiciones te vendrán". En 1ª de Samuel 15:22, se nos enseña: "Obediencia quiero y no sacrificios". Y por último en Isaías 58, Dios mismo nos habla del verdadero ayuno: "El verdadero ayuno acaso no es: desatar el yugo de vuestros hermanos; poner en libertad a los oprimidos; dar pan al hambriento; dar refugio a los pobres; vestir al desnudo; y no hacer de menos a tus semejantes".
La necedad està ligada al corazón del hombre, todos queremos vivir egoístamente y luego cuando los resultados nos son adversos, entonces le echamos la culpa a Dios. La nación de Israel tuvo la oportunidad de ser la única nación que obtendría la salvación de Dios, y no lo logró por no escuchar y no obedecer la vos de Dios. Su error fue creer que ídolos de piedra, madera, oro o plata, podían substituir la imagen de Dios. Cuando Dios les había dicho: "No os hagáis imagen ni semejanza de tu Dios para adorarla". Cristo le dijo a la Samaritana: "La hora viene, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores, adoraràn en espíritu y en verdad" (Juan 4). Muchos religiosamente ayunan, pero lo hacen para objetivos y hasta caprichos personales, pero la obediencia que agrada a Dios es: oír y obedecer; y lo que quiere que oigamos y obedezcamos es dar libertad a los cautivos, alimentar al hambriento, vestir al desnudo, no menospreciar al prójimo. No somos libres, no somos felices... porque no obedecemos, y no obedecemos porque no oìmos, y no obedecer es necedad.
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