"En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto".
(Proverbios 18:21).
Pertenecemos a una familia muy singular y bendecida por Dios, en donde nuestros ancestros han sido muy longevos, de los cuales el menor ha muerto a los 86 años, y nuestra madre que aùn vive alcanza los 93. Pues por 7 generaciones hemos aprendido y enseñado en nuestra estirpe, que las palabras pueden llegar a ser màs poderosas que un golpe. No fue sino hasta la quinta generación que pudimos conocer èste mensaje como de parte de Dios, y, siendo nosotros los que tuvimos el privilegio y la responsabilidad de ser los primeros.
Una palabra es capaz de cambiar una situación: un disculpe, es capaz de hacer bajar la ira una persona; un no quiero, es capaz de hacer que alguien se quite la vida. Así de destructiva puede llegar a ser una palabra. Pero, también por una palabra de Dios fue creado el mundo, para aquellos que tenemos el privilegio de la fe; por una palabra, por una palabra de Dios, el mundo antiguo fue destruido por agua (vea Gènesis 9); y por una palabra de Dios, el mundo moderno està siendo guardado para ser consumido por fuego (vea Isaías 66:16). La promesa a Noè no fuè que el mundo nunca màs sería destruido, sino que nunca màs sería destruido...con agua.
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