"Con regalos se abren todas las puertas, y se llega a la presencia de gente importante".
(Proverbios 18:16).
Cuando uno es niño espera ciertas fechas con mucho pero mucho entusiasmo, tan así, que son fiestas que uno siente como que tardan una eternidad en llegar, sea nuestro cumpleaños o la navidad por ejemplo. Pero ¿Cuàl es la razón de esa anhelada espera? Pues simplemente los regalos. No importa el estrato social, todos los niños esperan recibir un regalo, que, para algunos será muy costoso y para otros muy sencillo, pero todos esperan uno.
Los regalos en sì no son malos, al contrario son un símbolo de gratitud, de aprecio, de amor profundo. El problema es que esos regalos, como muchas otras actitudes del ser humano, se han prostituido. Hoy en dìa, los regalos o dàdivas se han convertido en instrumentos que abren puertas a negocios sucios, a eventos inmorales, y en una sola palabra a corromper a las personas que los dan y a las que los reciben. Dios desea que sus hijos sean dadivosos, que sean desprendidos, èl lo mira como personas que "siembran" cuando dan, no como personas que tiene oscuros intereses atrás de cada regalo ofrecido (El que siembra abundantemente, abundantemente cosecharà 2ª de Corintios 9:6). No seamos de los que se corrompen ni de los que corrompen a otros, utilicemos los regalos con el fin para el que Dios los hizo, agradar, agradecer, mostrar amor y respeto por los demás.
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