jueves, 10 de marzo de 2016

La humildad y la honra.

"La humildad precede a la honra"
(Proverbios 15:33).

La gloria de Dios no es compartida por nada ni por nadie. Cuando una persona se atreve a querer compartir la gloria de Dios o antepone a la gloria de Dios algo, Dios se ocupa de poner todo en su sitio. Dios quiere lo mejor para sus hijos, pero hemos de entender que el orden jamàs puede ser alterado. El està por encima de todo y de todos. Y la gloria fue, es y será siempre para èl de lo contrario todo se derrumba.

Hace años, exactamente en el año 1966 tres personas se atrevieron a retar a Dios diciendo que eran màs famosas que Jesucristo. Dos eran cantantes, el otro un deportista en el boxeo que se creyó el mejor del mundo por mèrito propio, cuando a todas luces se sabìa que era la mafia quien manejaba sus peleas. El primer cantante se suicidò cuando vio caer su fama y el abandono de sus fanàticos; el segundo fue asesinado por uno loco que no soportaba la fama del cantante; y el boxeador hoy lo vemos en un estado deprimente que es digno de toda làstima. Sin embargo conocemos personas que han alcanzado la fama y que le han dado la gloria a Dios, y hoy, muchos años después de su retiro y debido a la humildad que manejaron siguen siendo los reyes en sus disciplinas. ¿Por què? Porque Dios honra a quienes le honran; pero humilla a quienes quieren compartir su honra. Entendamos que todo lo que somos y todo lo que tenemos se lo debemos a èl.

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