"La sabiduría del prudente es discernir sus caminos; pero al necio lo engaña su propia necedad".
(Proverbios 14:8).
El hombre vive todos los días un dilema, pues quiera o no quiera en toda situación en la vida se encuentra en la bifurcación de dos caminos. En todo lo que el hombre hace, dice, dispone o piensa disponer se encontrará con dos opciones. Las dos tienen, por supuesto, un final diferente. Por ello es que cuando algo sale mal se escuchan expresiones como: "En eso no pensé", "Si tan sólo hubiera hecho esto en lugar de lo otro", etc.
Pero la escritura nos enseña que el hombre sabio no confía sólo en sí mismo, sino tiene primero a Dios para pedirle orientación; y, luego, a otras personas como consejeros para escuchar aristas de las opciones en las cuales uno por estar tan metido en el asunto no mira. Las personas que triunfan en la vida sin tener consecuencia alguna, son aquellas que recurren a Dios y atienden a los consejos de personas idóneas. Quien triunfa sin Dios corre el peligro de creer que lo que logró es por sus propios esfuerzos y nunca le dará la gloria a Dios, y eso, es muy peligroso.
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