jueves, 14 de enero de 2016

La disciplina.

"El que desprecia la disciplina sufre pobreza y deshonra".
(Proverbios 13:18).

Muchas virtudes o cualidades puede tener una persona de nacimiento, pero logra màs que èl en la vida, quien cultiva con disciplina las mismas. Nuestros abuelos siempre nos decían: "Se obtiene màs del que quiere, que del que puede hacer algo". Jamàs encontraremos en lo alto de los podios a personas que no tienen disciplina. No podemos nosotros imponerle nuestras normas al trabajo, al estudio, a los deportes, etc. Son ellos quienes nos las imponen a nosotros.

En lo espiritual no es en absoluto diferente. Si nosotros no nos levantamos a estar un tiempo con el Señor, a leer la escritura, a estudiarla, a aprenderla, entonces estamos demostrando indisciplina, y ella nos lleva a ser creyentes de nombre o de segunda clase. Aquellos que no damos testimonio que atraiga a otros al Señor, o simplemente, a convertirnos en la burla de los que, por pretexto de no comprometerse, nos ponen como el mal ejemplo de que no vale la pena ser creyente. La disciplina en el Señor nos da honra delante de èl, y èl hace que tengamos honra delante de los hombres, pero eso, implica un compromiso que no todos queremos pagar.

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