miércoles, 10 de febrero de 2016

La envidia.

"El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos".
(Proverbios 14:30).

Uno de los mandamientos que Dios le diò a su pueblo Israel fue: "No codiciaràs al prójimo, ni su mujer, ni su casa, ni su tierra, ni sus empleados, ni su buey, ni nada que le pertenezca"  (Dt. 5:21). En tiempos antiguos ese mandamiento era difícil de cumplir, pero hoy en dìa, si no dependemos de la gracia de Dios nos será imposible cumplirlo, la razón es por el comercio globalizado en el que estamos viviendo y la publicidad a la que estamos sometidos dìa a dìa. Porque nuestro vecino,  porque nuestro amigo, o nuestro jefe se compra algo pudiéndolo comprar. No quiere decir que nosotros vayamos y nos hipotequemos para tenerlo también. Nuestros abuelos decían: "Lo que no se puede comprar, es porque no se puede tener".

El apóstol Pablo nos da un consejo para que vivamos tranquilos a pesar de los lujos que pudieran rodearnos: "Gran ganancia es el CONTENTAMIENTO" (1ª Timoteo 6:6-8). Dios sabe què le da a cada quièn, porque sabe què es lo que le hace bien a cada quièn. Tener agradecimiento a Dios por lo que nos da, es el primer paso para el contentamiento; luego, aprendamos a descansar en la provisiòn de Dios, no podemos andar contándole, o peor aùn, pidiéndole a todo mundo lo que queremos o necesitamos para ver quièn nos lo da, porque eso no es fe, eso es ser un pedigüeño y eso, lejos de honrar el nombre de Dios lo avergüenza. Tercero, preocúpemonos por otros, eso moverà el corazón de Dios para con nosotros. Por una sencilla razón, son muchos màs los que están en peores condiciones que nosotros, que los que están en mejores condiciones que las nuestras. Repetimos, mostrar amor a otros, moverà el corazón de Dios hacia nosotros.

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