"La lengua de los sabios destila conocimiento, la boca de los necios escupe necedades".
(Proverbios 15:2).
Hemos explicado con respaldo de las escrituras, que cuando las mismas se refieren a un justo, a un sabio, a alguien que representa a Dios NO estamos hablando de personas "perfectas". Todo ser humano tiende a cometer errores o tener debilidades, lo único que diferencia a los hombres de Dios es su tendencia a reparar los errores, a enmendar sus faltas, con la ayuda de Dios por supuesto ( y no estamos justificando a nadie ni a nosotros mismos). Sabemos que después de Nuestro Señor Jesucristo, el ser humano màs sabio que ha existido es Salomòn, y, aùn èl, tuvo sus errores, sus faltas, sus debilidades.
Pero nos dejó un gran legado de sabiduría, de conocimiento, de lecciones pràcticas para nuestra vida. Todos esos consejos están en los libros de Proverbios, algunos Salmos, y Eclesiastès. La gran bendición que tenemos con esos libros, es el hecho de que en mucho no sòlo son consejos de escritorio sino vivencias del mismo Salomòn. El cometió abusos y pago las consecuencias; èl tuvo todo lo que quiso y estuvo insatisfecho; èl vivió todo lo que un ser humano hubiera querido vivir, y sin embargo, se diò cuenta que todo en èste mundo es vanidad. Que lo único que satisface al hombre es vivir conforme a los propósitos y planes de Dios y no los del hombre mismo. El tuvo alegrìas y decepciones, y por ello nos enseña que lo único que da alegría y la mantiene es vivir obedeciendo y agradando a nuestro creador (Eclesiastés 12:14).
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