sábado, 13 de febrero de 2016

La justicia y el pecado.

"La justicia enaltece a una nación, pero el pecado deshonra a todos los pueblos".
(Proverbios 14:34).

Todas las historias terminan siempre con frases que llegan a ser cèlebres o muy recordadas, pero hay historias que terminan tristemente, ese es el caso del último verso del libro de los Jueces en la biblia: "En aquella época no había rey en Israel; cada uno hacìa lo que le parecía mejor" (Jueces 21:25). La nación había tenido grandes hombres como Otoniel, Gedeòn, y Sansón, y hasta una mujer valiente, Dèbora que la guiaron de la mano de Dios, pero muerto el último juez se quedaron sin ley. Màs adelante Dios tuvo que darles reyes, pues ellos vieron eso en las naciones paganas y bajo la insistencia Dios se los concedió viniendo en su orden Saùl, David y Salomòn.

Cuando no hay autoridad en una nación èsta no llega a enaltecerse nunca, o, lamentablemente cuando son corruptas como las tenemos hoy; el resultado es que todo mundo hace lo que le parece bien, la justicia es tomada por manos propias y terminamos en un caos y libertinaje que està llevando al mundo a una autoaniquilaciòn. La única solución que el hombre tiene actualmente, al igual que en la antigüedad es acercarse y cobijarse bajo la sombra del omnipontente, y la única condición que necesitamos para ello es: "Reconocer que existe, que nos ama, y que mandò a su único Hijo a morir por nosotros". Es tan fácil, que para algunos resulta difícil de creer.

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