lunes, 22 de febrero de 2016

La ofrenda de los malvados.

"El Señor aborrece las ofrendas de los malvados, pero se complace en la oración de los justos".
(Proverbios 15:8).

El Señor desea un pueblo "dadivoso", un pueblo con un corazón "tierno y sensible" a las necesidades de quienes están abajo nuestro. Por otro lado, las escrituras nos enseñan que debemos contribuir para el sostenimiento de la Iglesia del Señor, pero el Apóstol Pablo, guiàdo por el Espíritu Santo nos enseña que "nosotros" somos el templo de Dios. Entonces què es lo que debemos mantener y sostener: "Personas... no paredes" (1ª Corintios 3:16).

Ahora bien, con el fin de mantener la pureza dentro de SU pueblo, dentro de lo que realmente es SU Iglesia, Dios desea que toda dàdiva, que toda ofrenda que demos a nuestros hermanos (el Templo) provenga de un trabajo sano, de un trabajo honorable, no de oscuras ganancias. Nos encanta la forma de vida de los primeros creyentes, la verdadera iglesia de Jesucristo, aquella que èl SI fundo, en Hechos 2:42-44: "Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles; en la comunión; en el partimiento del pan; y la oración...y todos tenìan todo en común... recibìan según la necesidad de cada uno... y ninguno tenía necesidad". Fue en el 325 de nuestra era, cuando Constantino el emperador, unió la política con la religión que todo iniciò a destruirse, y desde entonces el pueblo de Dios ya no vive bajo las reglas del juego de Dios sino egoìstamente.

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