"El perezoso ambiona, y nada consigue; el diligente ve cumplidos sus deseos".
(Proverbios 13:4).
Generalmente el perezoso es una persona soñadora pero casi nunca emprendedora. Mientras que el diligente, piensa en iniciar y luego va consiguendo sus metas. Hace cincuanta años tuvimos la oportunidad de conocer a dos amigos, uno de ellos soñaba y hacía planes de llegar a tener un hotel, y que, en dicho hotel hubiera intercambio de personas de un continente a otro; vacacionistas; paquetes de ofertas, etc. pero lamentablemente nunca inicio su proyecto, hoy en día sigue sin tener ni siquiera su propia casa.
El otro, pensaba que para llegar a tener algo hay que iniciar ese algo, así que trabajó, ahorro, y construyó su primer apartamenteo. Con el dinero de ese apartamento y sus consiguientes ahorros, logró construir el segundo apartamento, y así sucesivamente. Ninguno de los dos tiene un hotel el día de hoy, pero el primero no lo tendrá nunca, mientras que el segundo vive de sus rentas desde hace muchos años. Dios "tiene" con qué bendecirnos y prosperarnos (que son dos situaciones muy distintas), Dios "puede" bendecirnos y prosperarnos; pero tenemos que incitarlo a que él "quiera" bendecirnos y prosperarnos, y eso lo hacemos con el buen uso de los recursos que él nos da en su inmensa misericordia.
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