"El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina".
(Proverbios 13:3).
Cuando una persona es muy emotiva, generalmente razona después de haber reaccionado, lo que implica que luego de su gran discurso viene una disculpa obligada. Pues en sus emociones no pensó lo que dijo, y dijo màs de lo que debiera haber dicho. Y no es un trabalenguas sino una realidad. Dios ha provisto al hombre de razón, pero también de temor y de dominio propio. No podemos andar diciendo todo lo que sentimos o creemos porque generalmente no conocemos el contorno de lo que sucede.
Por ejemplo, si entramos a una casa cuando el padre està echando al hijo de la misma, creeremos que es una medida extrema y precipitada, y por lo tanto condenamos al padre; pero, si nos enteràramos que el hijo ha robado, ha sido un bebedor, y que ahora consume y vende drogas... y que luego de las correcciones debidas no ha hecho caso, entonces le daríamos la razón al padre. Por ello no podemos juzgar ni siquiera por lo que vemos, mucho menos por lo que nos cuenten. Conclusión, refrenemos nuestra lengua.
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