"Si los justos reciben su pago aquì en la tierra, ¡Cuànto màs los impíos y los pecadores!
(Proverbios 11:31).
Dios tiene muchas bendiciones para las personas de bien, personas que èl considera justas (no los hombres) pues su juicio y su justicia son medidas de diferente forma a como lo hacemos los hombres. Por ejemplo, èl nos dice: "No hay justo desamparado, ni su simiente que mendigue el pan" (Salmo 37:25). "El justo florecerà como la palmera, y crecerà como cedro en el lìbano" (Salmo 92.12). Sòlo èstas dos bendiciones ya son suficientes como para exhortarnos a que Dios nos vea como justos, y por supuesto, luchar por serlo.
Pero para los impíos hay vergüenzas, persecusiones, falta de sueño, angustias, penas y sin sabores, y como si fuera poco, poca vida. Si usted es observador, se darà cuenta que los terroristas, los malhechores, los pandilleros, los mareros, etc. son personas que mueren jóvenes, difícilmente usted encuentra un anciano entre ellos. ¿Por què? Porque las promesas de bienestar y de larga vida son para los justos no para los impíos.
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