lunes, 21 de diciembre de 2015

Prudencia.

"El hombre prudente no muestra lo que sabe, pero el corazón de los necios proclama necedad".
(Proverbios 12:23).

Hace veinte y cinco años nos enseñaron en el Instituto Bìblico que un predicador de la palabra la estudia todos los días, la aprende y la guarda. Para que, en su momento, poder exponerla, pero exponerla desde un pùlpito, desde una plataforma para enseñar a otros. Pero, que jamàs la palabra de Dios se debía utilizar para demostrar cuànto estudio se tenía, cuàn profundo uno había llegado a los secretos de Dios, el cuàl se los revela a quienes le buscan, sino màs bien debía utilizarse para instruir a otros, como Pablo le dice a Timoteo en sus cartas.

Lógicamente, el que enseña la palabra e instruye a otros, primero debe de vivir lo que sabe, lo que Dios le ha dado, lo que Dios le ha permitido encontrar entre sus tesoros. Y eso, es lo que encierra la lección de hoy, no demostremos lo que Dios nos ha dado para vanagloriarnos sino para guiar, consolar, instruir a otros. No utilicemos la palabra como un método de enaltecernos sino para enaltecer a Dios y a otros. Ni mucho menos descalifiquemos a otros sòlo porque no saben lo que nosotros sabemos, pues hay otros que saben lo que nosotros no sabemos y no nos descalifican.

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