"La justicia protege al que anda en integridad, pero la maldad arruina al pecador".
(Proverbios 13:6).
La integridad es aquella cualidad de una persona con la cuál en todos sus actos no lastima ni sus interéses ni los del prójimo. Y es una cualidad que debiera sobresalir en todo aquél que se llame hijo de Dios. La integridad no solamente nos abre las puertas con Dios sino nos las abre con los hombres. Y nos explica la escritura que como recompensa nos guarda del mal.
En cambio, para el impío y el pecador, cuyo sistema de vida es la mentira, cualidad que es contraria a la integridad que practica la verdad, los resultados son totalmente distintos. Nos dice la escritura que mientras que al integro se le abren las puertas, al mentiroso se le cierran, y se le arruina la vida. La ruina es definida como una gran pérdida en la vida de cualquier persona. Y nosotros, no sólo por nosotros mismos sino por amor a los nuestros, lo menos que queremos es entrar en pérdidas ya sean éstas materiales o espirituales.
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