"Los labios sinceros permanecen para siempre, pero la lengua mentirosa dura sòlo un instante".
(Proverbios 12:19).
Los abuelos y nuestros padres nos indicaban que la mentira sòlo luce mientras la verdad no reluce. Esta es la lección que nos da hoy la escritura, una verdad se dice y no hay que defenderla màs que con un sòlo argumento, la verdad misma. Pero las mentiras tienen que ser sostenidas siempre con muchos argumentos, y todos, tan falsos como la mentira misma.
La vida nos da muchos regalos buenos, pero una persona sincera, una persona que dice la verdad, que vive la verdad, es un tesoro que uno no debe dejar escapar, sino todo lo contrario debe estimarlo. Una persona que dice la verdad es confiable, es segura no sòlo de sì misma sino da seguridad a los demás. Ahora bien, la persona que dice y que vive la verdad tiene muchísimos galardones, pero quizás el mejor es que es tomada en cuenta y utilizada por Dios.
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