martes, 22 de diciembre de 2015

La angustia... abate.

"La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra".
(Proverbios 12:25).

Estamos viviendo tiempos de angustia, no es que seamos pesimistas sino que no podemos negar una realidad tan clara, pues lejos de ser personas que declaran fe y amor, estaríamos siendo unos mentirosos. Nadie nos puede llamar negativos por reconocer, por ejemplo, que en Guatemala (que no es precisamente el país màs pobre del mundo) de cada 10 indígenas 6 son pobres; de cada 10 niños 6 no tienen comida; de cada 100 habitantes, entre 62 y 65 no tienen trabajo ni comida. Eso no es ser pesimista pues es una realidad en números (Estadísticas del gobierno la semana pasada).

Todos esos datos nos deprimen, pues poco podemos hacer quienes nos dedicamos a la obra del Señor con recursos personales o de familia, como es el caso de èste ministerio. Pero en lo que sì somos ricos todos es en el hecho de que nuestras palabras pueden dar vida a otras personas. Las palabras del justo alivian; las acciones de los justos sanan; la vida de los justos puede llegar a ser un ejemplo vivo para otros de que Dios existe y es bueno. Y, por supuesto, lo que podamos contribuir de material también ayuda a quitar la angustia del necesitado.

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