jueves, 21 de julio de 2016

El sueño.

"No te des al sueño, o te quedaràs pobre; mantente despierto y tendràs pan de sobra".
(Proverbios 20:13).

Cuando èramos niños conocimos a una persona que siempre se levantaba a las cuatro de la madrugada, se tomaba un cafè caliente, y luego salìa a trabajar al campo. De èl aprendimos un refrán popular, que, aunque a algunos les parecerà grosero es cierto. "El que de veinte no trabaja; y de treinta no guarda; de cuarenta que le pongan la albarda". La albarda es una silla hechiza de madera que se le pone en el campo a los asnos para llevar carga. Esta persona, de màs està decir que cuando murió dejó millones en efectivo y en propiedades, y que en vida gozo de todo cuanto quiso.

La escritura sin llegar a decirnos un apelativo semejante, nos hace ver que el gran enemigo de la prosperidad del hombre... es el sueño. No nos cansaremos de decirlo desde èsta ventana pues no son palabras nuestras sino de Dios: "La ley de la siembra y la cosecha no falla". Lo que se siembra eso se cosecha. Y, si nosotros no trabajamos no tendremos recursos, pues Dios no rompe sus leyes por ningún motivo. Y la òrden que le diò al hombre es que con el sudor de SU frente, no del sudor de la frente de otro, se ganarìa su sustento. Reconocemos, que todo creyente y no creyente, en algún momento de su vida pasa limitaciones, angustias, enfermedades y hasta pruebas mandadas por Dios con el fin de que aprendamos lecciones que de otra forma no aprenderíamos. Pero en condiciones normales, quien no trabaja no debería de comer dijo el Apóstol Pablo. La falta de control en el sueño, nos hace ser impuntuales; la falta de control en el sueño, nos hace ser ineficientes; la falta de control en el sueño, nos hace en ocasiones hasta dependientes de los demás, y eso... es pecado. Pues en esa casa o faltarà el pan o será muy escaso.

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