"El que roba a su padre y echa a la calle a su madre, es un hijo infame y sinvergüenza".
(Proverbios 19:26).
El Salmo 24:1 nos enseña que de Jehová es la tierra y todo lo que en ella existe, puesto que èl fue quien creò todo. Por lo tanto, habiendo sido èl quien creò al hombre ¿Còmo podemos suponer que no conoce el pensar y el actuar de todo corazón humano? Siendo así, fue que nos advirtió lo que no podìamos o no debìamos hacer, y, robar a nuestro padre y abandonar a nuestra madre era una de las capacidades que tenìamos de hacer.
Por ello, nos dejó un mandamiento sagrado: "Honra a tu padre y a tu madre, y tendràs larga vida". El cuarto mandamiento de las leyes de Dios, es el único mandamiento que tiene una promesa incluida. Así que, cuando nosotros vemos que hay familias longevas, sabemos que estamos delante de una familia que ha sabido cumplir el mandamiento, pues la promesa también la vemos cumplida. Què dicha, què bendición nos ha dejado Dios con el hecho de poder honrar padre y madre. Es cierto que las escrituras son claras al decirnos que la obligación es que los padres mantengan a los hijos, no al contrario. Pero, cuando los padres llegan a la vejez o están incapacitados para trabajar, y sobre todo si han cumplido con sus obligaciones, entonces el mandamiento entra en función. Pablo, aùn va màs lejos cuando nos enseña que: "Aquèl creyente que tiene viudas en verdad en su casa, primero debe alimentarlas, y luego pensar en llevar algo a la iglesia" (vea 1ª Timoteo 5:4-8), para que no sean una carga para la misma iglesia. El punto es que si los familiares no la mantienen entonces la obligación es de la iglesia, lo que sería una carga muy grande. Es màs fácil que cada familia mantenga sus viudas.
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