"Nunca digas: ¡Me vengarè de ese daño! Confía en el Señor, y èl actuarà por tì".
(Proverbios 20:22).
Cuando una persona nos hace daño, especialmente si es una persona a la que hemos considerado de confianza, nos da mucho coraje. Quisièramos como que la justicia de Dios fuera màs real, màs palpable, màs pronta. Son momentos en los que reflexionamos en que si fuèramos màs santos, màs entregados... podríamos hacer una oración y un rayo partiría en dos a esa persona. Eso se llama justicia humana y corresponde a una venganza.
La justicia humana se diferencia de la divina en que èsta última tiene un propósito: "regenerar y regenerarnos". Claro que duele una traición, claro que duele el sentirse uno desprotegido tanto de los hombres como de Dios en esos momentos. Y es entonces cuando hacemos las preguntas equivocadas: ¿Señor, en dònde estabas? ¿Señor, por què permitiste esto o aquello?. Y por què decimos preguntas equivocadas. Porque los pensamientos correctos serìan: Señor ¿Para què permitiste esto? ¿Què es lo que quieres que aprenda? ¿Cuàl es el propósito de esto Señor? La respuesta a ¿Por què Señor? no es la misma que a ¿Para què Señor? La respuesta a ¿Por què? es justicia humana. La respuesta a ¿Para què? es justicia divina. Porque la primera nos traerà un sentido de venganza y de desahogarnos insultando o pagando con la misma moneda, lo cual es venganza. Mientras que la segunda respuesta es justicia divina y nos traerà a reflexión acerca de lo que Dios desea que aprendamos, lo cual es regenerarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario