"Al que maldiga a su padre y a su madre, su lámpara se le apagarà en la mas densa oscuridad".
(Proverbios 20:20).
"Honra a tu padre y a tu madre, y tendràs larga vida", eso es lo que reza el cuarto mandamiento de la ley de Dios. Mucho se nos ha explicado de que de todos los mandamientos de Dios, èste, el de honrar a padre y madre, es el único que tiene una promesa: "y tendràs larga vida".
Hace menos de un siglo podìamos ser testigos de la forma en que los ancianos eran cuidados por sus parientes: nunca estaban solos; nunca les falto alimento; tenìan uno o dos empleados que los ayudaran cuando no estaba alguien de la familia; no vivian solos y olvidados en sus casas; no habían casas de ancianos, etc. Es lamentable, que hoy en dìa, hasta vemos campañas que nos recuerdan lo siguiente: "No me abandones, porque cuando eras niño yo nunca te abandonè", y otras por el estilo. Campañas en donde vemos ancianos literalmente en trapos y no en ropas, con el estigma del olvido y el abandono marcado en sus rostros. Nunca, por ningún motivo, debemos olvidar a nuestros padres. Tenemos que luchar por suplir sus necesidades básicas, que no les falte un techo, agua limpia, ropa, medicamentos, compañía. Si no lo podemos hacer personalmente. o ellos no lo permiten, al menos que contribuyamos para que alguien les acompañe y los sirva... Eso nos traerà larga vida, pero sobre todo una gran tranqulidad el dìa que partan.
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