"Hijo mìo, si dejas de atender a la corrección, te apartaràs de las palabras del saber".
(Proverbios 19:27).
En los tiempos en que nuestra generación nació y creció, un buen cinchazo o un buen pantuflazo curaba los caprichos y las malas actuaciones de los niños. Hoy en dìa, con eso de los desechos humanos (porque están muy lejos de ser derechos), la situación a dado tal giro que ya solo falta que los niños le peguen a los papàs.
Tantos y tantos versos en la bìblia nos enseñan còmo se han de criar a los hijos pero el humanismo (con eso de háblele al niño, escuche al niño) y decir lo contrario de lo que Dios implantò, està poniendo de cabeza èste mundo. "Instruye (corrige) al niño en su camino, y aùn cuando fuere grande no se apartarà de èl" (Proverbios 22:6). Pero hay uno en especial que en lo personal nos encanta: "Porque el Señor, al que AMA, lo DISCIPLINA, porque lo tiene por HIJO" (Hebreos 12:6).
Estando en una reunión, había un niño que no dejaba escuchar lo que se decía en el micrófono (imagínese usted el ruido que hacìa); no dejaba de gritar, no dejaba de somatar la mesa en donde estaba, y cuando lo bajaron al piso no sabemos de dònde encontró un tubo que no dejaba de sonar... pero, aunque nos molestò a muchos nadie lo corrigiò. ¿Por què? Pues porque NO era nuestro hijo. Y como la madre que estaba enfrente tampoco lo corrigiò entonces nunca se calmò. Por eso nos encanta el verso de Hebreos, pues cuando cometemos un pecado y somos corregidos, entendemos que ahora somos HIJOS. Y comprendemos también que, cuando los cometìamos y no èramos corregidos era porque quizás èramos "religiosos" pero no hijos. Amèn.
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