"Los pensamientos humanos son aguas profundas; el que es inteligente los capta fácilmente".
(Proverbios 20:5).
Es increíble còmo las costumbres, las tradiciones, y hasta la cotidianidad del ser humano pueden llegar a ser contraproducente en su diario vivir. Desde siglos inmemoriales hay pensamientos humanos que nos han limitado a creer lo que Dios declara como cierto. ¿A què nos referimos? Pues, por ejemplo, Dios declara que sì podemos conocer lo que piensan las personas, pero las personas nos han enseñado que es imposible entender al ser humano.
Dios, es cierto, nos dice que los pensamientos del hombre pueden llegar a ser tan bastos como la profundidad misma del océano, que dicho sea de paso se sabe que hay lugares tan profundos que llegan a los once kilòmetros. Para entender la parábola, podemos poner como ejemplo el famoso barco Titanic que con toda su majestuosidad flotaba sobre el mar el 14 de abril de 1912, pero que el dìa 15 yacìa a cuatro kilómetros bajo la superficie, así de profundo, que tuvieron que pasar casi cien años para que por medio de la tecnología fuera encontrado y fotografìado. Igualmente de profundos son los pensamientos humanos, pero nos dice Dios que el que es inteligente los puede descifrar. ¿Entonces còmo es que podemos ser inteligentes? La respuesta es sencilla, tomados de la mano de Dios, quien fue el creador del corazón humano. Y nos tomamos de la mano de Dios levantándonos a estar con èl; leyendo y estudiando su palabra que es la Biblia; teniendo una comunicación clara y transparente con personas que buscan también esos objetivos.
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