"El malvado acepta soborno en secreto, con lo que tuerce el curso de la justicia".
(Proverbios 17:23).
El proverbista, sabio como era, nos vuelve a hablar del daño que hace el dar o el recibir sobornos. Cristo les dijo a los burócratas: "Confòrmense con su salario" (Lucas 3:14). Porque sabìa el daño que hace a la justicia el no cumplir con èsta norma. El dar soborno no sòlo hace daño a quien lo recibe, sino también a quien lo da, pues ayuda a que la justicia se vaya del lado equivocado.
El soborno es tan antiguo como la humanidad misma, el profeta Isaías ya nos advertía lo que le sucede a quien lo da o a quien lo recibe: "Sòlo el que procede con justica y habla con rectitud, el que rechaza la ganancia de la extorsión y se sacude las manos para no acertar soborno... ese morarà en las alturas, tendrá como refugio una fortaleza y se le proveerà pan y no le faltarà el agua" (Isaías 33:15-16). Es irónico que quien da o quien recibe soborno, tarde o temprano el agua y el pan no sòlo les escasean sino que pierden la paz por la posible persecusiòn de la ley; mientras que quienes no hacen esa pràctica tienen paz, y una promesa de que ni el pan ni el agua les faltarà.
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