lunes, 23 de mayo de 2016

El egoìsmo.

"El egoísta busca su propio bien; contra todo sano juicio se rebela".
(Proverbios 18:1).

Hay un proverbio que nos enseña: "Instruye al niño en su camino, y cuando fuere viejo no se apartarà de èl" (Proverbios 6:22). El gran ladròn que sale en las páginas principales de un diario nacional, no se iniciò robando miles, sino robando centavos. El violador que vemos en las noticias de televisión haciendo gestos con sus manos, no se iniciò persiguiendo niñas para golpearlas, se iniciò burlándose de ellas. La mujer que vemos gestando un divorcio para despojar al esposo de todo cuanto pueda, no nació así, se iniciò por algún resentimiento o amargura derivado del desprecio o el abandono del padre o de la madre, los cuales no pudo superar.

Se dice en la comunidad científica, que lo que el ser humano llega a ser en la vida, està marcado por lo que viva en los primeros cinco o seis años de su niñez. Somos los adultos los encargados de no robarle el derecho a ser felices a esos niños. Es el padre quien marca a los hijos, es la madre quien debe cuidar esa marca, pero, cuando el egoísmo se hace presente, entonces es cuando los niños quedan a la deriva. Sin embargo, Dios en su infinita misericordia, le da nuevas fuerzas y nueva gracia a quien se encargue de los niños. Pero como todo en la vida, los errores pasan su factura tarde o temprano. El matrimonio es la forma de proteger a esos niños, y en ese sentido, bíblicamente, el divorcio sòlo procede (palabras de Cristo mismo en Mateo 5:32) cuando hay adulterio por una de las partes. Quedando la parte ofendida, excenta de pecado y pudièndo rehacer su vida conyugal con una tercera persona (aclarando que, el matrimonio SOLAMENTE es considerado como tal delante de Dios, cuando es entre varòn y hembra, lo demás son degeneraciones, vea Levìtico 18:22). Por eso fueron destruidas Sodoma y Gomorra.

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