sábado, 14 de mayo de 2016

La felicidad no es risas.

"Gran remedio es el corazón alegre, pero el ànimo decaído seca los huesos".
(Proverbios 17:22).

Conocimos un hombre que no tuvo la oportunidad de terminar su carrera estando en el último año de la misma, pues su señora madre murió y tuvo que hacerse cargo de sus cinco hermanos; no llegó a tener riquezas pero sacò adelante a sus cinco hijos y todos tuvieron un título que èl no pudo tener. En su casa, fuimos testigos, siempre le dio cobijo a muchos necesitados de un techo y alimento. Sin embargo, siempre estaba alegre, todos los que lo conocían lo invitaban a sus reuniones porque era el centro de la fiesta, por sus anécdotas y sus bromas. El dìa que murió las últimas palabras que se le dedicaron fueron: "Gracias, por el ejemplo que nos dejó para vivir contentos no importando las situaciones de la vida". Damos gracias a Dios porque ese Señor fue nuestro padre, quien murió con Cristo en su corazón.

Todos creemos que la risa significa ser feliz, por ello es que todos hacemos bromas hasta de lo desagradable que nos sucede. Y, asociamos la felicidad con momentos de risa, de bromas, de chistes, de fiesta lo que es cierto y es bueno. Sin embargo, la escritura nos enseña que la felicidad es "contentamiento" no importando la situación en la que nos encontremos, sea èsta de limitaciones, de angustias, de escasez, y aùn de luto. El Apóstol Pablo en 1ª de Timoteo 3:6 nos enseña què es la felicidad: "Tener contentamiento con lo que se tiene y se està viviendo ahora, pues el tiempo de Dios siempre es agradable para nosotros".

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