"Engendrar un hijo necio es causa de pesar; ser padre de un necio no es ninguna alegría".
(Proverbios 17:21).
Una de las dulzuras màs grandes que una familia puede tener es poder criar a un hijo entendido, a un hijo dòcil, a un hijo entendido. Pero, es una amargura grande y completa el tener en casa un hijo malcriado, desobediente, impulsivo, etc. lo que entendemos por necio. El hijo necio pone en vergüenzas a los familiares, y èl mismo, es una persona insoportable y despreciada por todos.
Dios no permite, en lo espiritual, hijos necios. No podemos generalizar el punto, pero los hijos necios no son prosperados por Dios. Bendecidos fueron, son y serán, pues los dones de Dios son irrefutables
e irrevocables (Romanos 11:29). En otras palabras, por mal que se porte un hijo de Dios, los dones y los talentos que recibió no los va a perder, pero, tampoco tendrá recompensas si no los aprecia. Por ello Nuestro Señor Jesucristo nos dejó dicho: "Bienaventurado y fiel, el siervo que cuando su Señor regrese, lo encuentre haciendo lo que èl le dijo" (Mateo 24:46). Debemos entender que tanto en lo material como en lo espiritual un hijo necio al primero que avergüenza es al padre, y a los demás no les trae ninguna clase de alegrìa.
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