viernes, 20 de mayo de 2016

La prudencia.

"El que es entendido refrena sus palabras; el que es prudente controla sus impulsos".
(Proverbios 17:27).

Aquí en Latinoamèrica y especialmente en México y Centroamèrica, utilizamos mucho para ciertas celebraciones lo que llamamos cohetillos, son juegos pero son un peligrosos si no se saben manejar. Cuando los están elaborando quienes los hacen deben tener cuidado de poner suficiente mecha, que es la parte por donde se les pone el fuego para poder hacerlos explotar, cuando no sucede esto es cuando son màs peligrosos pues a quien pone el fuego no le da tiempo de correr y les pueden explotar en el rostro o en la mano.

Cuando Dios diseñò a los hombres, a algunos les puso buen carácter y a otros nos doto de no tan buen carácter, a quienes con nada y nada nos molestamos, nos llaman personas de mecha corta. ¿Por què? pues porque explotamos rápido. Sin embargo, eso no es ningún motivo de satisfacción sino todo lo contrario, es motivo de angustia. Pues debemos luchar màs que los demás para poder ser agradables y sobre todo ùtiles a los demás. Dios nos enseña que el entendido refrena sus palabras, su lengua, su forma de hablar, su forma de tratar a las demás personas; pero, es una imprudencia sacar la respuesta inmediata, sobre todo cuando somos de aquellos que tienen la respuesta en la punta de la lengua como decían las abuelitas. El prudente cierra la boca aunque tenga mil palabras para dejar en silencio al otro, dice la escritura. Pero el imprudente suelta todo lo que tiene y arma un lìo que después cuesta calmar. Bien hacían los abuelos en mostrarnos continuamente las figuras de los tres monos sabios, ¿Verdad?

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