"La meta del prudente es la sabiduría; el necio divaga contemplando vanos horizontes".
(Proverbios 17:24).
Se supone que entre la gente preparada, que a Dios gracias somos los màs, se tienen ilusiones, se tienen propósitos en la vida, en fìn, lo que se conoce comúnmente como metas a alcanzar. Es cierto también que, lamentablemente, hay quienes no les importa pasar por encima de cualquiera que se ponga de frente para alcanzar esas metas, pero hemos de reconocer que quienes las queremos alcanzar de la mano de Dios somos muchos màs.
Para que alguien alcance sus metas y sus propósitos, el proverbio del dìa de hoy es claro: "no debemos divagar, o, en otras palabras no nos distraigamos". Las distracciones nos limitan, nos atrasan, nos cansan, y en ocasiones muy especiales hasta nos matan la ilusión y nos quitan las fuerzas para llegar a la meta. La escritura nos enseña que jamàs debemos emprender una empresa o una tarea sin hacer varias cosas antes: Uno: consultar con Dios (Señor, es tu voluntad y tu propósito o tan sòlo es el mìo) (Proverbios 21:31). Dos: consultar con varias personas que sepan del ramo (Proverbios 11:14). Tres: planificar y diseñar un plan de trabajo (Lucas 14:28). Pero, si las metas materiales son tan planificadas las preguntas del millón son: ¿Por què no planificamos poner nuestra alma en buenas manos cuando elegimos un líder para que nos guiè? ¿Por què buscamos una iglesia en donde nos entretengan diciéndonos lo que queremos oír, en lugar de que nos instruyan y nos guièn y en donde escuchemos lo que tenemos que escuchar? ¿Por què no buscamos un líder cuyo propósito estè en los negocios de Dios y no en los negocios de los hombres? Ya que esa... sì es nuestra verdadera meta. ¡Meditemos!
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