"El violento engaña a su prójimo y lo lleva por mal camino".
(Proverbios 16:29).
Todo ser humano puede llegar a tener un punto de quiebre con respecto a la ira, aunque habemos algunos que tenemos el carácter màs volátil que otros. Pero hasta la persona màs noble o la màs pacìfica puede llegar a tener un momento de quiebre. Jesús mismo tuvo que encenderse en cólera cuando viò a los religiosos convertir la casa de su Padre en cueva de ladrones, cuando por pretextos mundanos pusieron ventas en el atrio del templo.
El punto es que, nos narra la escritura que cuando una persona vive en estado de agresividad, las personas que estèn con ella, sufrirán las mismas consecuencias. ¿Por què? Pues porque una persona pacìfica no puede convertir a una agresiva pero èsta sì puede contaminar a la otra, por lo que ambos terminaràn en mal camino. Ahora bien, ¿cuàl es la solución a la ira? El amor. Solamente con amor podemos combatir la ira, la violencia. Nuestra maldad la venció Cristo con amor, no con màs maldad o con ira. Y esa es la solución o el antibiótico que nosotros debemos utilizar como creyentes ante el mundo para que èste retorne a Dios curàndose del pecado.
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