"Al que devuelve mal por bien, nunca el mal se apartarà de su familia".
(Proverbios 17:13).
Entre los dolores que màs lastiman al ser humano están la traición, la traición no es màs que faltar a la confianza que nos han tenido, o, que le hemos tenido a alguien; es como dice el proverbio de hoy: devolver con mal un bien que nos han hecho, o, que hicimos. La traición es capaz de volver al hombre contra el hombre, pero peor aùn, es capaz de volver al hombre contra Dios creyendo que quien nos traicionò fue Dios por permitir que se nos hicieran ese mal, o, permitir que lo hicièramos. La palabra de Dios dice: "Es inevitable que haya tropiezos... pero ay de aquèl por quien vienen " (Mateo 17:1).
Cuando actuamos en contra de Dios porque el hombre nos traicionò, lo que estamos haciendo evidente y público, es decir: "No he entendido EL propósito de Dios para mi vida, por estar poniendo mis ojos en MI propósito". Eso nos limita a recibir màs de Dios y nos aleja de nuestra meta. Ahora bien, a quien traiciona la escritura es exageradamente clara con respecto a su final si no repara el daño, veamos al tìpico traidor, Judas. Nos dice el Salmo 108: de los versos 6 al 14 que: sus propias oraciones le condenan, se acortaràn sus días, otro ocuparà su lugar, sus hijos quedaràn huérfanos, por lo tanto serà viuda su esposa, sus hijos serán vagabundos y mendigaràn, sus acreedores se apoderaràn de sus bienes, gente extraña saquearà sus posesiones, nadie se compadecerà de sus hijos, su descendencia será exterminada (esterilidad en su casa), y que por lo tanto, su nombre desaparecerà en su próxima generación. En conclusión, la traición no paga, nunca devolvamos mal por bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario