Las suertes se echan sobre la mesa, pero el veredicto proviene del Señor".
(Proverbios 16:33).
Una mujer lleva a su esposo enfermo a un hospital pùblico, lo deja encamado y no regresa en tres meses. El hombre es atendido solamente por la caridad de las enfermeras pues la situación económica de los hospitales pùblicas es deprimente, al final de su tratamiento èste es dado de alta, se baña, y se va a su casa sin haber recibido atención alguna de la esposa o la familia. Al mismo tiempo, un hombre había llevado a su mujer al mismo hospital, son compañeros de enfermedad con el hombre que acabamos de mencionar, a èsta mujer la atienden su esposo, su familia, se le llevan todos los medicamentos necesarios y al cabo de cuatro meses se muere. ¿Què pasò? ¿Entrò en juego la suerte?
Si la suerte hubiera entrado en juego, lo màs lógico es que el que se hubiera muerto fuera el hombre, hasta por ley de probabilidades. No. El hombre propone sus planes pero es Dios, dice la escritura, quien decide el veredicto del proyecto. No es con nuestras fuerzas, no es con nuestra ilusión, no es con nuestro trabajo,ni siquiera es por nuestra compasión, es por voluntad Divina que los planes funcionan o no funcionan para el hombre, así se trate, como en èstos dos casos verídicos de la vida o la muerte de un ser humano. Que tenemos que hacer lo que nos corresponde, claro que lo tenemos que hacer. Siempre lo hemos enseñado: a Dios le podemos pedir una vaca, y èl nos la darà; pero no esperemos que el mismo baje para ordeñarla, eso ya nos corresponde a nosotros. No existe la buena o mala suerte, lo que existe son los veredictos de Dios. Y nuestro trabajo es hacer lo que tenemos que hacer con "contentamiento".
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