"Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte".
(Proverbios 16:25).
Se supone que cuando una persona toma un camino, toma una decisión, lo ha pensado y lo ha consultado con Dios, de lo contrario nos da la impresión de ser una persona irresponsable o no muy centrada que digamos, y, el resultado de sus acciones son los que nos dicen si el camino o la decisión que se tomò fue sensata o fue alocada. No negamos que la vida en ocasiones nos juega vueltas inesperadas. A la persona màs cuerda le puede suceder un resultado adverso en algún renglón de la vida. Ahora bien, cuando nosotros vemos que una persona da tumbo tras tumbo, que como decimos corrientemente "no le sale una" o "no da una" entonces algo anda mal.
Dice la escritura que el hombre propone hacer algo y es Dios quien dispone sus caminos (Verso 1 de èste mismo capìtulo de Proverbios). Pero también nos termina diciendo el verso lo siguiente: "El Señor juzga los motivos". Y, existen personas que ya se acomodaron a que otros hagan por ellos; a que otros carguen con sus obligaciones; a que otros sean quienes den la cara por ellos. Y esos motivos Dios los juzga y muy severamente. Por ello es que ese tipo de personas no levantan cabeza. Dios no quiere y no puede bendecir a alguien que se comporta así, cuando hay hijos suyos esforzados que sì se merecen su favor. Repetimos, el resultado del camino o de la decisión que tomemos, es lo que nos evidencia si el camino o la decisión que tomamos fue la acertada o no. Si fue lo que Dios querìa para nosotros o fuimos nosotros los que "dispusimos" que era la voluntad de Dios para nuestras vidas. Es un error muy grave "acomodar" la voluntad de Dios a nuestros deseos pues el resultado es que resultamos en caminos que parecen rectos pero que son de vergüenza o de muerte.
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