martes, 26 de abril de 2016

El obstinado.

"Cala màs un regaño en el hombre prudente, que cien latigazos en el obstinado".
(Proverbios 17:10).

Generalmente utilizamos palabras sin saber su significado, y quizás por ello es que también no hacemos nuestras labores como debiéramos hacerlas, pues cuando somos corregidos o llamados al orden seguimos sin entender què nos dijeron. Una persona obstinada es aquella que se mantiene neciamente en su propia opinión o concepto, sin tomar en cuenta las opiniones de los demás, aùn y cuando èl mismo estè en un error.

El proverbio de hoy nos enseña que la obstinación no es algo agradable a Dios, es muy distinta a la perseverancia. La perseverancia es iniciar algo y terminarlo, pero, tomando en cuenta las opiniones de los demás para el bien común. Por ello, la perseverancia es premiada por Dios pero la obstinación es castigada por èl. El hombre prudente, dice el proverbio recibe con agrado el regaño o la corrección pues entiende que tomò mal camino en su decisión; pero, el obstinado no lo entiende entonces su final lo lleva a ganarse un castigo. Ese castigo puede ser el fracaso de su proyecto; el no sacarle provecho a su trabajo; el perder ese trabajo, etc. en lo material. Pero en lo espiritual lo que trae la obstinación es la muerte. Benditos y dichosos somos aquellos a quienes nuestra obstinación espiritual tan sòlo nos ha traìdo latigazos en la vida pero hemos recibido el perdón de Dios.

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