jueves, 31 de diciembre de 2015

Los que son y los que pretender ser.

"Hay quien prende ser rico, y no tienen nada; hay quien parece ser pobre, y todo lo tiene".
(Proverbios 13:7).

Hoy, estamos terminando un año más en nuestra efímera vida, hay quienes han vivido 20, 30, 40 y otros ya somos ancianos, pero a todos se nos ha ido la vida un poco rápido. Muchos entre nosotros podríamos medir el gozo, el éxito, la felicidad por lo que el Señor nos ha permitido alcanzar en lo material, a nosotros se refiere la escritura en éste pasaje. Muchos nos creemos ricos por lo que hemos acumulado. Pero ¿Mira Dios eso como riqueza?

La riqueza de un hombre está en su tiempo pasado a los pies de Cristo; la riqueza de un hombre está en lo que ha logrado conocer el corazón de Dios; la riqueza de un hombre está en la obediencia y la guía que ha podido obtener por dejarse tratar por el Espíritu Santo. Cualquier otra situación que uno crea riqueza, simplemente es un espejismo y un autoengaño. Y, en lo material pues más claro no se puede decir: uno puede tener todo lo que quiera, pero si no tiene amigos sinceros y honestos; si no tiene una familia unida; si no tiene una relación amigable con todos los que le conocen o rodean... también es autoengaño pues pretende ser rico pero no lo es. Hay quienes parecen pobres pero tienen más.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

La integridad del creyente.

"La justicia protege al que anda en integridad, pero la maldad arruina al pecador".
(Proverbios 13:6).

La integridad es aquella cualidad de una persona con la cuál en todos sus actos no lastima ni sus interéses ni los del prójimo. Y es una cualidad que debiera sobresalir en todo aquél que se llame hijo de Dios. La integridad no solamente nos abre las puertas con Dios sino nos las abre con los hombres. Y nos explica la escritura que como recompensa nos guarda del mal.

En cambio, para el impío y el pecador, cuyo sistema de vida es la mentira, cualidad que es contraria a la integridad que practica la verdad, los resultados son totalmente distintos. Nos dice la escritura que mientras que al integro se le abren las puertas, al mentiroso se le cierran, y se le arruina la vida. La ruina es definida como una gran pérdida en la vida de cualquier persona. Y nosotros, no sólo por nosotros mismos sino por amor a los nuestros, lo menos que queremos es entrar en pérdidas ya sean éstas materiales o espirituales.

lunes, 28 de diciembre de 2015

El diligente.

"El perezoso ambiona, y nada consigue; el diligente ve cumplidos sus deseos".
(Proverbios 13:4).

Generalmente el perezoso es una persona soñadora pero casi nunca emprendedora. Mientras que el diligente, piensa en iniciar y luego va consiguendo sus metas. Hace cincuanta años tuvimos la oportunidad de conocer a dos amigos, uno de ellos soñaba y hacía planes de llegar a tener un hotel, y que, en dicho hotel hubiera intercambio de personas de un continente a otro; vacacionistas; paquetes de ofertas, etc. pero lamentablemente nunca inicio su proyecto, hoy en día sigue sin tener ni siquiera su propia casa.

El otro, pensaba que para llegar a tener algo hay que iniciar ese algo, así que trabajó, ahorro, y construyó su primer apartamenteo. Con el dinero de ese apartamento y sus consiguientes ahorros, logró construir el segundo apartamento, y así sucesivamente. Ninguno de los dos tiene un hotel el día de hoy, pero el primero no lo tendrá nunca, mientras que el segundo vive de sus rentas desde hace muchos años. Dios "tiene" con qué bendecirnos y prosperarnos (que son dos situaciones muy distintas), Dios "puede" bendecirnos y prosperarnos; pero tenemos que incitarlo a que él "quiera" bendecirnos y prosperarnos, y eso lo hacemos con el buen uso de los recursos que él nos da en su inmensa misericordia.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Refrenar la lengua.

"El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina".
(Proverbios 13:3).

Cuando una persona es muy emotiva, generalmente razona después de haber reaccionado, lo que implica que luego de su gran discurso viene una disculpa obligada. Pues en sus emociones no pensó lo que dijo, y dijo màs de lo que debiera haber dicho. Y no es un trabalenguas sino una realidad. Dios ha provisto al hombre de razón, pero también de temor y de dominio propio. No podemos andar diciendo todo lo que sentimos o creemos porque generalmente no conocemos el contorno de lo que sucede.

Por ejemplo, si entramos a una casa cuando el padre està echando al hijo de la misma, creeremos que es una medida extrema y precipitada, y por lo tanto condenamos al padre; pero, si nos enteràramos que el hijo ha robado, ha sido un bebedor, y que ahora consume y vende drogas... y que luego de las correcciones debidas no ha hecho caso, entonces le daríamos la razón al padre. Por ello no podemos juzgar ni siquiera por lo que vemos, mucho menos por lo que nos cuenten. Conclusión, refrenemos nuestra lengua.

jueves, 24 de diciembre de 2015

¿Quièn es un hijo sabio?

"El hijo sabio atiene a la corrección de su padre, pero el insolente no hace caso a la reprensión".
(Proverbios 13:1).

Todo padre amoroso y consciente de su labor de padre, tiene que corregir a su hijo para que cuando èste crezca sea una persona útil a la sociedad y no una carga. Ninguno, salvo ciertas excepciones o indicaciones directas del Espíritu, se pone a corregir al hijo del vecino. No es que no nos importe esa persona, sino simplemente que no nos corresponde a nosotros educarlo. Cada padre debe educar a sus hijos.

Por ello es tan difícil un segundo matrimonio, pues hay conflictos entre a quièn le corresponde educar y quièn educa. Pero la escritura nos muestra que la persona que debe educar es aquella a quièn los hijos miran y honran como autoridad. Cualquier educación con palabras o con ejemplos que se den, es en vano, si la autoridad quiere ser impuesta. Y los hijos deben por sì mismos entender quièn es la autoridad. Hasta Dios es respetuoso de ese principio, es por ello que no obliga a nadie a aceptar a Cristo, eso se hace de propia iniciativa. Pero entender esto último necesita sabiduría no necedad.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

El perezoso.

"El perezoso no atrapa presa, pero el diligente ya posee una gran riqueza".
(Proverbios 12:27).

Por siglos se ha enseñado a la humanidad que un perezoso es aquèl que "no hace nada", aquèl a quien todos tienen que servir porque èl es incapaz de hacer algo. Bueno, ese concepto no deja de tener una buena dosis de verdad, pero en realidad, un perezoso también es aquèl que: "se sienta a esperar que los sucesos pasen porque èl lo desea o porque son sus sueños y porque ya se lo pidió a Dios, pero èl no da el primer paso para que se realicen`".

Todos nosotros nos podemos hincar, incluso, a pedirle a Dios por horas y por días para que nos de algo, pero eso no sucederà si nosotros no hacemos lo que tenemos que hacer. Podemos declarar con fe que seremos ricos, que seremos sabios, que seremos cualquier cosa, pero si no actuamos... eso no sucederà. Lo hemos dicho infinitas veces desde èsta ventana, a Dios le podemos pedir una vaca, y èl nos la darà, eso es casi seguro... pero lo que si ès seguro cien por ciento es que èl NO BAJARÀ A ORDEÑARLA.

martes, 22 de diciembre de 2015

La angustia... abate.

"La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra".
(Proverbios 12:25).

Estamos viviendo tiempos de angustia, no es que seamos pesimistas sino que no podemos negar una realidad tan clara, pues lejos de ser personas que declaran fe y amor, estaríamos siendo unos mentirosos. Nadie nos puede llamar negativos por reconocer, por ejemplo, que en Guatemala (que no es precisamente el país màs pobre del mundo) de cada 10 indígenas 6 son pobres; de cada 10 niños 6 no tienen comida; de cada 100 habitantes, entre 62 y 65 no tienen trabajo ni comida. Eso no es ser pesimista pues es una realidad en números (Estadísticas del gobierno la semana pasada).

Todos esos datos nos deprimen, pues poco podemos hacer quienes nos dedicamos a la obra del Señor con recursos personales o de familia, como es el caso de èste ministerio. Pero en lo que sì somos ricos todos es en el hecho de que nuestras palabras pueden dar vida a otras personas. Las palabras del justo alivian; las acciones de los justos sanan; la vida de los justos puede llegar a ser un ejemplo vivo para otros de que Dios existe y es bueno. Y, por supuesto, lo que podamos contribuir de material también ayuda a quitar la angustia del necesitado.